Tlaxcala ante el espejo: el voto que exige cabeza, no bilis

Víctor Rodríguez
Es imperativo que las audiencias desarrollen un juicio crítico y sensato ante las publicaciones que se desatan desmesuradamente en la contienda electoral. Y todo parece indicar que así está sucediendo.
Hace unos meses inició la labor de los aspirantes a coordinar los trabajos de la Cuarta Transformación y la defensa de la soberanía en México —así llamados en Tlaxcala quienes buscan candidatearse a la gubernatura—. Con ello también arrancó una serie de publicaciones cada vez más subidas de tono, difundidas por páginas carentes de legalidad y transparencia, diseñadas para el golpeteo sin principios, valores ni rigor periodístico. Su único fin: denostar, difamar e influir en el criterio de quienes leen redes sociales al momento de emitir su voto.
Sin embargo, en la mayoría de las personas con quienes hemos analizado estas publicaciones, no las creen ciertas. Las entienden como lo que son: una estrategia difamatoria que no cuenta con los elementos mínimos de prueba o denuncia formal.
Y es justamente ahí donde se va a decidir el voto: cuando cada tlaxcalteca valore el tipo de propuesta que tienen los aspirantes. Cuando, por un lado, hay —por decir lo menos— respeto hacia sus contrincantes, eso habla de alguien que no solo respeta la contienda, sino que se respeta a sí mismo y respeta a los demás. Pero quien agrede, denosta o difama, también lo hará si llega a tener poder.
Ese análisis, el de cada tlaxcalteca, debe estar fundamentado en resultados. Y los números que arroja el gobierno de Lorena Cuéllar son históricos: no hay una administración anterior que se haya acercado, siquiera a la mitad, de lo que logró en materia de desarrollo del estado. Darle continuidad a esos proyectos es lo que deben analizar los tlaxcaltecas al pensar en el desarrollo de Tlaxcala. Porque, ciertamente, quien suceda a Lorena Cuéllar tendrá, por lo menos, que igualar esos resultados. Pero el compromiso que esperamos va más allá: que los supere.
Aquí es donde la balanza se debe inclinar al momento de tomar la decisión del voto: por resultados, por planes claros, no por agresiones, difamaciones o ir en contra de un adversario sin sustento. De lo contrario, estaremos retrocediendo nuevamente a elegir caciques que gobiernan por meros complejos personales, y no con una visión de desarrollo.