El Verde: entre la conveniencia y la simulación
En política, las declaraciones rara vez son inocentes. Cuando desde la dirigencia del Partido Verde se advierte que no acompañarán a Morena si el candidato es Alfonso Sánchez, lo que realmente se exhibe no es una diferencia ideológica ni un desacuerdo estratégico, sino una vieja práctica que ha definido a ese instituto político: el oportunismo.
Resulta difícil tomar en serio una postura que pretende condicionar alianzas históricas a la conveniencia de un solo grupo o, peor aún, a la voluntad de un dirigente. Porque si algo ha caracterizado al Verde en los últimos años es su capacidad de acomodarse al poder en turno, sin importar el discurso ni los principios que enarbola en público. Hoy no parece ser la excepción.
Lo dicho por Jaime Piñón refleja más una ambición personal que una lectura real del escenario político. Intentar imponer condiciones, amenazar con rupturas o jugar al “todo o nada” no fortalece la vida democrática; al contrario, evidencia una lógica autoritaria en la que las decisiones se toman desde la cúpula, ignorando tanto a la militancia como a los propios actores del partido en territorio.
Y es ahí donde la narrativa comienza a desmoronarse. Porque mientras desde arriba se intenta marcar distancia, en los hechos ocurre lo contrario. Alcaldes y alcaldesas emanados del Verde han mostrado cercanía y respaldo hacia el proyecto de Morena en la capital. Los casos de San Pablo del Monte y Tetlanohcan son ilustrativos: sus presidentas municipales no parecen compartir la postura de confrontación, sino más bien una lógica de colaboración política.
Esto deja en evidencia una fractura entre el discurso oficial y la realidad operativa del partido. No es la primera vez que sucede, pero sí vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿quién define realmente la postura del Verde? ¿Un dirigente con aspiraciones o una militancia que, históricamente, ha caminado en alianza con Morena?
Un partido político no puede reducirse a la voz de una sola persona. Su legitimidad descansa en la representación de sus bases, en la congruencia de sus decisiones y en la claridad de su proyecto. Cuando esto no ocurre, lo que queda es una estructura que actúa por conveniencia, que negocia posiciones y que cambia de postura según soplen los vientos del poder.
El Verde, una vez más, parece apostar por esa ruta. No por convicción, sino por cálculo. No por principios, sino por oportunidad.
