Caravanas, Santa y la sed: cuando la tradición se convierte en vitrina del consumo infantil

Por Victor Antonio Rodríguez Carrasco

El desfile navideño de Coca-Cola se presenta como tradición familiar, pero organizaciones señalan que normaliza el consumo de bebidas azucaradas entre niños y contradice la crisis de salud pública que enfrenta México por obesidad y diabetes.


Cada diciembre, las Caravanas Navideñas de Coca-Cola recorren calles, avenidas y plazas de México: luces brillantes, camiones decorados, música festiva y personajes que despiertan la emoción de niñas y niños. Para muchos es un espectáculo esperado; para otros, un ejemplo perfecto de cómo la publicidad puede disfrazarse de “tradición” y convertir una celebración comunitaria en una gran vitrina de marketing.

Diversas asociaciones civiles han solicitado al Gobierno de México suspender estos eventos, argumentando que vulneran la regulación de publicidad dirigida a menores y normalizan el consumo de productos que han contribuido de manera significativa a la epidemia de enfermedades metabólicas en el país.

Y las cifras no dejan lugar a dudas.

México se mantiene entre los países con mayor consumo de refrescos en el mundo: alrededor de 163 litros por persona al año. Ese nivel de ingesta ha tenido efectos devastadores. Las bebidas azucaradas están estrechamente relacionadas con la obesidad, la diabetes tipo 2, la hipertensión, las caries y las enfermedades cardiovasculares. La diabetes sigue entre las principales causas de muerte en México y representa un gasto público de decenas de miles de millones de pesos anuales para atender sus complicaciones.

A pesar de ello, las estrategias publicitarias hacia menores continúan. Coca-Cola —como otras empresas de bebidas y alimentos ultraprocesados— utiliza elementos lúdicos, personajes, música, regalos promocionales y espectáculos que apelan directamente a la emoción infantil. La psicología del consumo es clara: un niño no distingue publicidad de entretenimiento, y mucho menos de “tradición”.

A ello se suma la mercadotecnia digital: influencers, retos, dinámicas en redes y contenido diseñado para que la marca forme parte del imaginario de la temporada. Cuando un producto de alto contenido de azúcar se vuelve sinónimo de Navidad, la batalla por la salud pública se libra en un terreno desigual.

La pregunta de fondo es sencilla: ¿debemos permitir que las tradiciones se definan desde las estrategias comerciales de una empresa?
La respuesta, a la luz de los datos, también parece sencilla.

No se trata de prohibir la celebración, sino de separar la cultura del consumo perjudicial, especialmente cuando afecta a la población más vulnerable: las niñas y los niños. Existen alternativas de festividades comunitarias libres de publicidad y con enfoque cultural, que celebran la temporada sin normalizar hábitos dañinos.

También se requiere que el Estado aplique de forma estricta la legislación existente sobre publicidad dirigida a menores y eventos que utilicen elementos atractivos para ellos. Si el marco legal prohíbe condicionar la diversión al consumo de productos con advertencias nutricionales, ¿por qué permitir que grandes marcas lo hagan bajo el pretexto de “tradición”?

Las Caravanas Navideñas pueden seguir siendo un espectáculo…
pero no a costa de la salud pública.
Hay celebraciones que unen; otras sólo venden. Y es tiempo de decidir de qué lado queremos que esté nuestra Navidad.