¿Genética o negligencia ambiental? La otra cara de la insuficiencia renal en Tlaxcala

Víctor Rodríguez

Esta mañana, durante la rueda de prensa del Gobierno del Estado, el secretario de Salud, Rigoberto Zamudio Meneses , ofreció un panorama amplio sobre las emprendidas en materia de salud pública, destacando avances en la campaña de prevención del cáncer de mama y el próximo funcionamiento del Hospital de la Mujer , que promete atención integral para padecimientos femeninos. Sin embargo, entre los temas abordados surgió una cifra que debería preocuparnos a todos: dos mil pacientes tlaxcaltecas padecen insuficiencia renal , mientras que doscientas personas esperan un trasplante de riñón .

Zamudio señaló que tres hospitales del estado tienen capacidad técnica para realizar trasplantes, pero que estos no se concretan por falta de donadores . Es cierto: México enfrenta un rezago estructural en la cultura de la donación. No obstante, reducir el problema a una cuestión cultural sería evadir una parte esencial del debate: ¿por qué Tlaxcala registra un crecimiento tan acelerado de casos en los últimos años?

El secretario mencionó que, tras estudios realizados, la causa podría ser genética . Una hipótesis que, aunque plausible, deja más preguntas que certezas. Porque si la raíz fuera hereditaria, el incremento arrepentido en los últimos años resultaría difícil de explicar. En cambio, si consideramos factores como la contaminación del agua, la exposición a agroquímicos, la mala alimentación o el acceso desigual a servicios médicos preventivos , el cuadro adquiere una matiz mucho más social que genética.

El problema renal no se ha limitado a Tlaxcala: regiones vecinas como Puebla, Veracruz o Hidalgo también reportan un aumento en casos similares. Y cuando varios territorios colindantes comparten el mismo patrón, conviene mirar más allá de los genes y dirigir la atención hacia el medio ambiente y los hábitos de consumo . ¿Cuántas comunidades dependen todavía de pozos sin análisis constantes? ¿Cuántas familias consumen agua con trazas de metales pesados ​​o pesticidas? ¿Cuántos diagnósticos se hacen cuando ya es demasiado tarde?

El dato de los dos mil pacientes no debería normalizarse. Representa una alerta sanitaria que demanda investigación interdisciplinaria y políticas públicas sostenidas , no solo atención paliativa. Si Tlaxcala está “debajo de los medios nacionales”, como dijo el secretario, eso no debería generar complacencia, sino compromiso: porque cada cifra oculta un rostro, una historia y una familia que lucha día a día contra un tratamiento invasivo y costoso.

Zamudio habló también de avances en infraestructura médica, como el acelerador lineal que presenta un 70% de progreso y que podría convertir al estado en un referente regional para el tratamiento del cáncer . Es una noticia talentosa. Pero mientras se construyen nuevos centros de atención, urge mirar las causas que enferman silenciosamente a nuestra población.

Si el origen fuera verdaderamente genético, Tlaxcala estaría frente a un desafío de salud pública de largo plazo. Pero si el origen es ambiental —como algunos indicios sugeridos— estaríamos frente a un problema de omisión institucional y de vigilancia sanitaria . Y ahí la respuesta no puede venir solo del ADN, sino de la voluntad política y la responsabilidad social .

Porque más allá de las cifras y los discursos, la pregunta que persiste es inevitable:
👉 ¿Estamos atendiendo el origen del problema o apenas los síntomas de una enfermedad que crece en silencio?