EN CONFIANZA

Dos plazas y una sola fotografía

* El Día del Padre terminó convirtiéndose en el primer gran ensayo general rumbo a la sucesión de 2027 en Tlaxcala.

* Entre llamados a la unidad, mediciones de músculo y mensajes cruzados, la política tlaxcalteca parece haber decidido bajar por fin el telón… para comenzar la obra.

Por Gilberto Olmos

Hay quienes celebraron el Día del Padre con carne asada, otros con corbatas que jamás usarán y algunos más con la tradicional llamada telefónica de los hijos que recuerdan la fecha gracias a la notificación del celular. En Tlaxcala, en cambio, el domingo terminó siendo el Día del Padre… de las precampañas. Porque, aunque oficialmente nadie anda en campaña, resulta admirable la facilidad con la que algunos organizan eventos que, por una curiosa coincidencia del destino, terminan pareciéndose muchísimo a una campaña.

La primera escena ocurrió en el corazón de la capital. La gobernadora Lorena Cuéllar reunió a una multitud para encabezar un acto que, formalmente, tenía como propósito respaldar el llamado nacional a la unidad y, principalmente, a la «Defensa de la Soberanía de México». Pero en política la forma siempre termina confesando el fondo. Entre los asistentes apareció yn ofreció un mensaje Alfonso Sánchez García, ya separado de la presidencia municipal, acompañado por buena parte del aparato político que observa con simpatía la posibilidad de que la historia de los Sánchez escriba un nuevo capítulo en Tlaxcala.

Poco después, el escenario cambió de domicilio, pero no de objetivo. En la Loma Xicohténcatl, la senadora Ana Lilia Rivera reunió a su propio ejército de simpatizantes, arropada por figuras nacionales de la izquierda como Gerardo Fernández Noroña y René Bejarano, personaje que, por más años que transcurran, seguirá demostrando que en México hay videos que nunca prescriben y ligas que jamás dejan de estirar la memoria colectiva.

La imagen fue extraordinaria para cualquier observador político. Dos concentraciones, dos liderazgos, dos proyectos y un mismo partido. Morena terminó regalando el mejor ejemplo de aquello que enseñan los físicos: dos cuerpos pueden ocupar el mismo espacio político… siempre que lo hagan en horarios distintos.

Pero el verdadero hallazgo del día no estuvo en el número de asistentes. Las multitudes entusiasman a los organizadores, impresionan a los fotógrafos y emocionan a los equipos de comunicación, pero las candidaturas no siempre caben en una fotografía panorámica. Lo realmente interesante fueron las palabras.

Lorena Cuéllar habló de unidad. Hasta ahí, nada extraordinario. Lo inesperado llegó  después, cuando Ana Lilia Rivera utilizó exactamente el mismo concepto. La política tiene estos extraños milagros: aquello que el sábado parecía irreconciliable, el domingo amaneció pronunciándose con el mismo diccionario. Como si alguien hubiera repartido un manual de sinónimos antes de subir al templete.

Y todavía apareció una escena más interesante. Durante una entrevista improvisada, la senadora reconoció que la gobernadora ha demostrado compromiso con Tlaxcala y con el país. En otro momento habría parecido una declaración protocolaria; en el contexto de la guerra interna que ambos grupos han protagonizado durante meses, sonó más bien como cuando dos generales acuerdan suspender el fuego para recoger a los heridos del campo de batalla.

Si ese reconocimiento termina convirtiéndose en un encuentro político entre ambas lideresas, el beneficiario inmediato será Morena. Porque una contienda interna basada en propuestas siempre produce mejores candidatos que una guerra de filtraciones, campañas negras y perfiles anónimos que descubren una inagotable vocación por la calumnia precisamente cuando se acercan los procesos internos.

Y hablando de esos perfiles, quizá llegó la hora de que también tomen vacaciones. Porque si realmente comienza una etapa de reconciliación, será interesante observar cómo explicarán el súbito cambio de clima quienes durante meses administraron la indignación digital con la disciplina de un reloj suizo. Habrá que ver si ahora descubren que la unidad también genera buenos algoritmos.

Lo cierto es que Alfonso Sánchez García y Ana Lilia Rivera ya comenzaron a caminar formalmente hacia la candidatura. Uno respaldado por una estructura territorial; la otra, por un capital político construido desde el Senado. El árbitro todavía no pita el inicio oficial del partido, pero los dos equipos ya salieron a calentar. Lo deseable sería que, esta vez, el balón sustituyera al lodo.

Porque Tlaxcala necesita una competencia intensa, sí, pero también inteligente. Las campañas pasan; los agravios permanecen. Y cuando termina la elección, quienes fueron adversarios tienen que volver a sentarse en la misma mesa para gobernar el mismo estado.

 *OTRA CONFIANCITA*

Hay un tema del que se habla poco y se padece mucho: los hospitales del programa IMSS-Bienestar. La federalización del sistema de salud prometió homologar la atención médica, mejorar el abasto de medicamentos y elevar la calidad del servicio. Sin embargo, en distintos estados del país —incluido Tlaxcala— persisten quejas por desabasto, tiempos prolongados de espera, deficiencias en infraestructura y mantenimiento pendiente de inmuebles. Diversos diagnósticos públicos han documentado que la consolidación del modelo enfrenta todavía importantes retos operativos.

Conviene hacer una precisión que muchas veces se pierde entre el ruido político: la operación de IMSS-Bienestar corresponde al Gobierno Federal. Eso no exime a nadie de coordinar esfuerzos, pero sí ayuda a ubicar correctamente las responsabilidades. La salud no mejora buscando culpables equivocados, sino resolviendo problemas reales. Y los pacientes, mientras tanto, siguen esperando menos discursos y más medicamentos.

Nos vemos, pero en confianza.