La IA, los bajos sueldos y una pensión cada vez más lejana: el futuro que enfrentan los jóvenes
La IA, los bajos sueldos y una pensión cada vez más lejana: el futuro que enfrentan los jóvenes
Durante décadas, el pacto con los jóvenes mexicanos fue sencillo: estudia, titúlate, consigue un trabajo formal y algún día te jubilarás con dignidad. Hoy ese pacto se agrieta por tres lados a la vez: la inteligencia artificial está vaciando de tareas a profesiones enteras, el primer empleo paga poco y protege menos, y el sistema de retiro exige cada vez más a quienes menos oportunidades tienen de cumplir.
Las profesiones que se apagan
No es ciencia ficción ni alarmismo de redes sociales. El informe Future of Jobs 2025 del Foro Económico Mundial, basado en datos de más de mil empresas en 55 economías, proyecta la creación de 170 millones de nuevos empleos y la desaparición de 92 millones de puestos actuales hacia 2030. La lista de los que se reducirán más rápido debería inquietar a cualquier orientador vocacional: cajeros y taquilleros, asistentes administrativos, secretarias ejecutivas, trabajadores de imprenta, contadores y auditores. A ellos se suman diseñadores gráficos, funcionarios y secretarios legales, además de teleoperadores y vendedores puerta a puerta.
Varias de esas ocupaciones, como contaduría, diseño o asistencia jurídica, requieren título universitario. Es decir, la amenaza ya no es solo para el trabajo manual: alcanza al escritorio, al expediente y a la hoja de cálculo.
En México la exposición es enorme. Un análisis del McKinsey Global Institute estima que 59 por ciento de las horas laborales que hoy se realizan en el país podrían automatizarse técnicamente con tecnologías que ya existen. Conviene matizar: eso no significa que seis de cada diez empleos vayan a desaparecer, sino que muchas tareas dejarán de necesitar a una persona. Pero cuando las tareas desaparecen, los puestos de entrada, esos donde un recién egresado aprendía el oficio, son los primeros en recortarse. Y ahí es donde la IA se cruza con una crisis que ya existía.
Egresar para ganar poco
La generación que hoy sale de las aulas ya enfrentaba un mercado hostil antes de ChatGPT. El 67.3 por ciento de los 8.7 millones de jóvenes con empleo trabaja en la informalidad, lo que los convierte en el segundo grupo con mayor informalidad laboral, solo por debajo de los adultos mayores de 65 años. Tampoco son los más protegidos cuando la economía se enfría: a las empresas les resulta más barato despedir a los jóvenes que liquidar al personal con más antigüedad.
El salario tampoco compensa. Según datos del INEGI citados por Indeed, el ingreso promedio de los hombres de entre 25 y 34 años es de 6 mil 559 pesos, y el de las mujeres del mismo rango, de 5 mil 740 pesos. Para Tlaxcala el dato duele más: de acuerdo con el Observatorio Laboral, el estado aparece entre los de menor ingreso para profesionistas, con 7 mil 822 pesos mensuales, solo por encima de Guerrero.
No sorprende que muchos se refugien en el trabajo independiente, aunque no por gusto. La Encuesta Nacional de Egresados 2025 de la UVM encontró que casi una cuarta parte de quienes trabajan como freelancers lo hace por falta de oportunidades, y que 70.9 por ciento de los egresados valora las vacaciones, el aguinaldo y la seguridad social como el principal atractivo de un empleo. Los jóvenes no piden lujos: piden lo que la ley ya debería garantizarles.
¿Y el retiro? La pregunta que nadie les hace
Aquí está el fondo del problema. Un joven que hoy entra al mercado laboral cotiza obligatoriamente bajo la Ley del Seguro Social de 1997, el régimen de cuentas individuales en Afore. La pensión a la antigua, la de la Ley 73, ya no existe para él.
Bajo la Ley 97, el requisito de semanas sube cada año: en 2026 el IMSS pide 875 semanas cotizadas, y el incremento continuará hasta llegar a mil semanas en 2031, que será el mínimo permanente. Además, hay que tener de 60 a 64 años para la pensión por cesantía, o 65 para la pensión por vejez. Y lo más importante: el monto dependerá del saldo acumulado en la cuenta Afore.
Mil semanas equivalen a unos 19 años de cotización formal ininterrumpida. Para alguien que empieza en la informalidad, que pasa temporadas como freelancer sin aportar, o que es despedido en cada desaceleración, juntarlas no es sencillo. ¿Y si no se alcanzan? El IMSS emite una Negativa de Pensión: el trabajador no recibirá una pensión mensual de por vida y solo podrá retirar el saldo de su Afore, que se agota en pocos años.
¿Entonces los jóvenes todavía tienen derecho a pensión en el IMSS? Sí, pero condicionada. Quien complete las semanas y la edad tiene asegurada al menos la Pensión Mínima Garantizada, cuyos montos en 2026 van de 4 mil a 10 mil 600 pesos mensuales, según edad, salario y semanas. La reforma de 2020 también aumentó gradualmente la aportación patronal a las Afore, lo que debería engrosar los ahorros de las nuevas generaciones.
La pieza más reciente es el Fondo de Pensiones para el Bienestar, creado por decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación el 1 de mayo de 2024. Su promesa es complementar la pensión hasta igualar el último salario: si un trabajador ganaba 10 mil pesos al mes y su pensión es de 6 mil, el fondo cubre la diferencia. Aplica a quienes cotizan bajo la Ley 97 del IMSS o en el régimen de cuentas individuales del ISSSTE, con un tope que en 2026 ronda los 17 mil 885 pesos mensuales. Pero el complemento no es universal: exige pensionarse dentro del sistema formal, con las semanas completas y la edad requerida. Quien vive en la informalidad, como hoy dos de cada tres jóvenes, queda fuera.
Al final queda una red básica: la Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores, universal a partir de los 65 años y elevada a rango constitucional. Es un piso, no un retiro digno.
La paradoja
El resultado es una paradoja cruel. El Estado creó un fondo para garantizar pensiones equivalentes al último salario, pero el mercado laboral impide que muchos jóvenes acumulen las semanas para alcanzarlo. La inteligencia artificial, al eliminar los puestos de entrada, puede alargar todavía más el tiempo que un egresado pasa entre empleos precarios, sin cotizar.
No se trata de satanizar a la IA. Bien usada, puede elevar la productividad y crear empleos mejor pagados. Pero eso no ocurrirá solo. Hace falta que las universidades midan si sus egresados consiguen empleos formales y no solo cualquier empleo; que las empresas dejen de ver en la juventud una mano de obra desechable; y que el gobierno entienda que una reforma de pensiones sin una reforma de formalidad laboral es una promesa con letra pequeña.
A los jóvenes se les pidió estudiar. Lo hicieron. Ahora toca que el país les devuelva algo más que un título y una cuenta de Afore casi vacía.
Antes de publicar, conviene que corrobores dos datos que no salieron de las fuentes consultadas: el aumento de la aportación patronal por la reforma de 2020 y el carácter constitucional de la pensión para adultos mayores.
